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domingo, 11 de agosto de 2019

Semiótica: qué es y cómo se relaciona con la comunicación


Semiótica: qué es y cómo se relaciona con la comunicación

El estudio de los significados ofrece una mirada diferente sobre la sociedad. Grecia Guzmán Martínez




La semiótica, también conocida como semiología o teoría de los signos, es el estudio de cómo utilizamos los signos para crear y transmitir sentidos y significados mientras nos comunicamos.

Es una teoría que ha tenido repercusiones importantes en las ciencias humanas y sociales porque nos ha ayudado a comprender de manera profunda nuestra comunicación, las interacciones que establecemos así como algunos elementos de los contextos donde nos desarrollamos.

A continuación repasamos de manera general qué es la semiótica, cuáles son algunos de sus antecedentes y los efectos que ha tenido en las ciencias sociales y humanas.
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¿Qué es la semiótica?

La semiótica es la disciplina científica que se encarga de estudiar los signos y las formas en que se construye y se transmite el sentido durante la comunicación. Forma parte de las teorías de lenguaje, donde el signo se define como la unidad mínima de una oración; un elemento (objeto, fenómeno, señal) que se utiliza para representar o sustituir a otro que no está presente; con lo cual, el signo es un elemento cargado de significados.

Para estudiar esto, la semiótica se divide en tres ramas principales: la semántica, la pragmática y la sintáctica. Entre sus antecedentes se encuentra la teoría de los signos de Saussure, que también es conocida como semiología.

De hecho, el término semiología viene del griego “semeion” que significa signo. Sus antecedentes pueden encontrarse en el campo de la filosofía atomista, y también en el siglo XVII, cuando John Locke habló de la semiotiké como una ciencia o un conjunto de principios para explicar los signos.

En el mismo siglo, el filósofo alemán Johann Lambert escribió un tratado donde abordaba el mismo tema, ya bajo el concepto de semiótica. No obstante, el antecedente más reconocido de esta disciplina viene del siglo XX y de los estudios de Ferdinand de Saussure y Charles Sanders Peirce.

Como cualquier otra disciplina, la semiótica ha pasado por distintas etapas y se ha transformado de acuerdo con diferentes corrientes filosóficas y científicas. Zecchetto (2002), habla de tres generaciones de la semiótica: la primera de ellas surge aproximadamente en 1950 y se caracterizada por el pensamiento estructuralista; la segunda, en 1970, tiene un enfoque que se mueve hacia el postestructuralismo; y en la tercera, sobre 1980, surge la pregunta por la interacción entre el texto y el interlocutor, por lo que se trata de un paradigma interaccionista.
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¿Semiótica o semiología? Diferencias

Aunque la respuesta depende en gran medida de a qué autor se le pregunte, en general son términos que se se utilizan de manera indistinta.


No obstante, hay quienes defienden que la semiología es la descripción teórica de los sistemas simbólicos en general; y la semiótica se refiere al estudio de los sistemas particulares, por ejemplo, las imágenes, las modas, el cine, la publicidad, entre otros.

A nivel formal, y especialmente desde 1969 que se institucionalizó la Asociación Internacional de Estudios Semióticos (IASS por sus siglas en inglés), se reconoce un solo término: semiótica; para abarcar los dos tipos de estudio que hemos mencionado.
Más allá del texto: semiótica de la imagen

Los seres humanos nos comunicamos por medio de casi todas (si no es que todas) las cosas que hacemos: lo que decimos y lo que no; a través de nuestros movimientos, gestos o posturas, e incluso por medio de herramientas más complejas que involucran a nuestros sentidos, como la publicidad, el cine, la música, etc.

Por eso, la semiótica es una ciencia que tiene más de un método: puede investigar el significado que se construye y se transmite no solo mediante el lenguaje oral o el lenguaje escrito, sino que puede analizar, por ejemplo, un cartel publicitario y sus elementos (el cómo se estructura y se utiliza su lenguaje, las imágenes o las formas estéticas), y de esta manera comprender cuál es el sentido, el significado e incluso el efecto o la relación que se busca establecer con los receptores.
Su importancia en las ciencias sociales

La semiótica ha tenido una repercusión importante tanto en los estudios del lenguaje y la comunicación humana, como en la comprensión de los fenómenos psicológicos y sociales que se generan a través de esa comunicación.

Por eso es que la semiótica se relaciona de manera importante con el problema del conocimiento, y con el modo por medio del cual los signos nos permiten llegar a él. En otras palabras, la semiótica, el estudio de los signos, nos ofrece un punto de vista sobre la realidad, y sobre el modo en que las cosas adquieren y transmiten un significado, lo que ha sido especialmente útil para extender los alcances de las ciencias humanas.

Algunas de sus críticas giran en torno a que la semiótica es una disciplina que trata de abarcar demasiadas cosas, con lo cual sus métodos se vuelven difusos y en ocasiones difíciles de justificar por medio de los métodos científicos tradicionales.
Referencias bibliográficas:
Bobes, M. (1973). La semiótica como teoría lingüística. Madrid: Editorial Gredos.
International Association of Semiotic Studies (IASS). (S/A). Short Story. Recuperado 10 de abril de 2018. Disponible en http://iass-ais.org/presentation-2/short-history/.
Zecchetto, V. (2002). La danza de los signos. Nociones de semiótica general. Ecuador: Ediciones ABYA-YALA.

Eufemismo

Eufemismo

Sustitución de una palabra o frase por otra para disimular la crudeza, vulgaridad o gravedad de la original, es decir, dulcificación. Es el mecanismo opuesto al disfemismo o la demonización, en tanto que intenta hacer pasar o tolerar algo intrínsecamente malo:
Interrupción voluntaria del embarazo / Aborto
Paseo / Ejecución
Daños colaterales / Muerte de civiles
Relaciones impropias / Adulterio
Desaconsejar / Prohibir
Relevo / Cese
Recluso
 o interno / Preso
Establecimiento penitenciario / Cárcel
Limpieza étnica / Matanza racista
El lenguaje coloquial lo utiliza para esquivar realidades que impresionan fuertemente a los seres humanos: la muerte, la locura y el sexo. Un ejemplo de esta dulcificación es que la palabra “cadáver” queda proscrita y en su lugar hay que referirse a “cuerpo”. También se evita tener que decir “morir” y parece más fino referirse a que las personas “fallecen”, aunque sea de forma violenta. Los “muertos” en un accidente o atentado no son tales sino “víctimas”. A las realidades anteriores se añaden también hechos desagradables u ofensivos, como las bajas funciones corporales o lo estéticamente feo; sin embargo, existen razones no sólo psicológicas, sino sociales que impulsan el eufemismo. El zapatero, por ejemplo, pondrá de letrero a su establecimiento “clínica del calzado”, y el panadero llamará orgullosamente a su panadería “boutique del pan”, y el delegado de limpieza o de basuras es todo un “jefe del área de eliminación de residuos sólidos urbanos”. Especialmente sensible es el lenguaje de la publicidad: así, por los anuncios de aparatos gimnásticos puede uno enterarse de que no tenemos culo, ni siquiera nalgas, sino glúteos, que alguien también llamó eufemísticamente donde la espalda pierde su nombre o hipocorísticamente (infantilmente) pompisJoder o follar, considerados palabrotas, se disimularon invistiéndose del galicismo hacer el amor, que en la inmediata posguerra se usaba sólo como sinónimo de “cortejar” o “tirar los tejos”. A los homosexuales se alude como gente que entiendees del ramo o pierde aceite.
Pasar a mejor vida / Morirse
Doblar el petate / Morirse
Padecer de los nervios / Estar loco.
La técnica para expresar este disimulo y evadir el rechazo o incomodidad en quien habla y/o escucha puede ser semántica o formal. Así existen prodedimientos semánticos como la sinonimia (purgar por ‘reprimir’), el circunloquio y la perífrasis (persona de movilidad reducida por ‘tullido’), la sinécdoque (vientre por ‘sexo’), la antonomasia meliorativa (carrera u oficio por ‘prostitución’), la metáfora (báculo por ‘pene’), el cultismo (Euménide por ‘Furia’), el infantilismo, que Cela denomina ñoñismo (pipí por ‘orina’), la antífrasis(pacificación por ‘aplastamiento militar’), la litote (no aptopor ‘suspenso’), la negación (invidente por ‘ciego’, descomer por ‘cagar’), el tecnicismo o el extranjerismo(watertoilette por ‘cagadero’), el uso de expresiones comodín como “eso” o “aquello que te dije” etc…
También se emplean procedimientos formales fonéticos de semejanza o supresión (cordones por ‘cojones’), morfológicos (cabroncete por ‘cabrón’), sintácticos de atenuación o litotes, elipsis, zeugma etc… y gráficos o no estrictamente lingüísticos.
En el lenguaje político y, por contagio de éste, en el periodístico, es frecuente hallar el llamado eufemismo de lo “políticamente correcto”. Así, en Norteamérica está mal considerado llamar negros a los afroamericanos, y en España estos prefieren que los llamen morenos. Por ejemplo, al salario justo se ha llamado sucesivamente salario suficientesalario familiarsalario vitalsalario mínimo y salario razonable. A los “contratos a tiempo parcial” se reaccionó con la denominación despectiva sindical “contratos basura”, que caló en el público, por lo que la autoridad ingenió la denominación “contratos no ordinarios”, que es la que ha servido para los documentos oficiales. Durante la dictadura de Franco, la palabra “huelga” no podía aparecer en los medios de comunicación, por lo cual la denominación semántica utilizaba era sumamente variable y eufemística: “conflicos colectivos”, “anormalidades laborales”, “inasistencias al trabajo”, “ausencias injustificadas”, “paros parciales”, “abandonos colectivos”, “paros voluntarios”, “irregularidades laborales”, “fricciones sociales” y un extenso y pintoresco etcétera.

Psicolinguistica

¿Qué es la psicolingüística?

A Silvia Fernández Pérez

Más allá de la psicología y de la lingüística…

Tal vez los usuarios normales de la lengua (entendiendo por “normales” aquellos que no se dedican a ella profesionalmente) piensen que la lingüística, es decir, aquella disciplina que la estudia en tanto realización de la capacidad innata del lenguaje, solo tiene las tres partes en que se la suele dividir, dejando de lado la literatura: gramática, vocabulario y lectoescritura.
Pero nada está más lejos de la realidad. A la morfología y la sintaxis se les puede añadir, efectivamente, el léxico o vocabulario y la fonética y fonología… Pero también otras muchas subdisciplinas como la gramática del texto, la lingüística computacional, la lingüística histórica, la pragmática, la semántica, la sociolingüística o la psicolingüística. En el presente artículo vamos a ocuparnos brevemente de esta última.
La psicolingüística podría definirse como la ciencia que se encarga de estudiar la manera en que comprendemos, producimos, adquirimos y perdemos el lenguaje. Se trata de una disciplina que se encuentra entre la psicología y la lingüística, pero supera a ambas puesto que no se limita a la suma de sus partes.
Así, una de las principales preocupaciones de los psicolingüistas se encuentra en la manera en que el cerebro humano comprende los mensajes de sus semejantes, sean orales, sean escritos (aunque evidentemente la manera de percibirlos será diferente: de forma auditiva en el primer caso, de forma visual en el segundo).
Sabiendo que no es del todo cierto, asumamos ahora que nuestro cerebro se comporta formalmente como un ordenador. ¿Tenemos en nuestra mente una serie de cajas que funcionan como módulos independientes, por los que va circulando el léxico de entrada, que al llegar al centro pasa a convertirse en una respuesta en forma de léxico de salida, como proponen los modelos de tipo modular-autónomo? ¿O, por el contrario, funciona todo de manera paralela, de forma que nuestro cerebro está configurado por nodos que facilitan las conexiones bidireccionales, como defienden los modelos interactivo-conexionistas? Aún cabe una tercera posibilidad: que comience el proceso de forma autónoma, mediante la activación de un conjunto limitado de elementos léxicos (es decir, de aquellas palabras que forman parte del lexicón mental) y que, posteriormente, se interconecte con el resto de elementos léxicos posibles para darle sentido.
Y a la hora de producir un mensaje, sea oral o escrito, ¿operamos de forma secuencial, pensando primero lo que queremos decir o escribir, después construyendo la estructura sintáctica adecuada, seleccionando las palabras deseadas y, finalmente, llevando a cabo su encaje en la pronunciación o la ortografía correspondiente, como defienden los ya mencionados modelos modulares-autónomos? ¿O, por el contrario, funcionan todos estos procesos de manera simultánea, como sugieren los modelos interactivos-conexionistas? Como el lector habrá podido adivinar, cabe también una tercera opción, esto es, la mezcla de ambos modelos: los modelos en cascada-mixtos proponen que el procesamiento se hace en paralelo (es decir, se construye todo el mensaje a la vez, desde lo fonético-fonológico, hasta lo semántico, pasando por sintáctico y morfológico), pero en una sola dirección, en concreto, desde los procesos superiores (atención, memoria, razonamiento, aprendizaje, emoción y percepción) hacia los inferiores.
La manera de investigar el proceso de producción lingüística que emplean los expertos psicolingüistas puede darse, entre otras, mediante el análisis de los lapsuslinguae, que no tienen por qué ser, en absoluto, patológicos, sino formar parte del habla espontánea natural:
A y veintisiete salía el perro de la estación (en vez de tren: al decirlo, el hablante estaba viendo un perro a su lado)
Hay un buen trocho ({trozo + trecho} como dos posibilidades distintas de decir lo mismo)
No podía meter el coche en el pie (por No podía meter el pie en el coche)
(Ejemplos tomados de Anula Rebollo [2002, pág. 81])
Aunque puede haber psicolingüistas interesados en el origen y la evolución del lenguaje desde una perspectiva filogenética (es decir, a lo largo de la historia de la especie humana), lo cierto es que el tercer pilar de interés para ellos es el proceso de adquisición del lenguaje desde una perspectiva ontogenética, esto es, cómo un bebé es capaz de acabar hablando la lengua a la que se le ha sometido desde antes, incluso, del nacimiento, sin efectuar ningún tipo de esfuerzo.
Para explicar esto cabe acudir a dos teorías que son, como suele ocurrir en lingüística, complementarias: la gramática universal y la perspectiva pragmática-comunicativa. Por un lado, la gramática universal, postulada por Noam Chomsky en los años 60 del siglo pasado, defiende que todos los seres humanos tenemos una especie de dispositivo innato, es decir, biológicamente programado, que contiene las propiedades básicas del lenguaje. Al entrar en contacto con una lengua concreta, como puede ser el castellano, va tomando la forma de una gramática particular (es decir, la de la lengua en cuestión, en nuestro caso, el español).
Este entrar en contacto implica una serie de procesos cognitivos, interrelacionados con el lenguaje, que difícilmente pueden entenderse sin el concepto de intención comunicativa: el niño, desde siempre, trata de hacerse entender, en las distintas etapas de su adquisición, mediante llantos, balbuceos, gestos, protopalabras (ta poresta), palabras (guagua por perro), holofrases (eta significa ‘dame una galleta’) y lenguaje telegráfico (no pan puede significar ‘no quiero pan’, ‘no queda pan’, ‘no hay pan’… dependiendo del contexto), hasta alcanzar la adquisición plena a los diez años aproximadamente. Durante todo ese tiempo, el pequeño gramático no ha dejado de construir formas inexistentes en su lengua (aunque existentes en su lexicón mental, como *rompido por roto, formado analógicamente como los participios de los verbos de la segunda conjugación), o cuando menos, formas que nunca ha oído antes, lo que demuestra la enorme capacidad creadora del lenguaje humano:
Marta: ¿Por qué tienes los ojos viejos?
Prof.: ¿Qué son los ojos viejos?
Marta: Así, ¿ves? (Los entorna y arruga la frente.)
Prof.: Porque me da el sol en la cara.
(Ejemplo tomado de Anula Rebollo [2002, pág. 42]).
Finalmente, la psicolingüística también se ocupa de los trastornos del lenguaje. Estos pueden tener lugar durante el proceso de adquisición, cuando el niño es aún pequeño, tomando forma de dislalia (articular los fonemas de una manera distinta a como en teoría se perciben, por ejemplo, decir Falel en vez de Rafael) o disfasia (como una afasia menor) o, ya en el terreno de la lectoescritura, dislexia (leer puretaen lugar de puerta, por ejemplo). Como trastorno del habla cabe destacar la disfemia (o tatamudez), muchas veces relacionada con situaciones de estrés sufridas por el niño.
Pero también puede haber trastornos del lenguaje en los adultos, una vez el cerebro ha sido dañado por una enfermedad, una infección o un traumatismo de diverso tipo, en cuyo caso pasan a denominarse afasias. En función de la zona que haya sido afectada, puede ser una afasia de Broca, de Wernicke, de conducción, anómica, global, etc. Entre la afasia adulta y la infantil hay un par de diferencias esenciales. Por un lado, en el caso de los niños, el lenguaje aún no se ha adquirido por completo, por lo que los daños que pueden provocar la afasia serán siempre más limitados que en el caso adulto, donde la lateralización cerebral es prácticamente completa (por no mencionar que, en la afasia infantil, primero hay que distinguir realmente entre los aspectos del lenguaje que se han dañado y los aspectos lingüísticos aún no adquiridos).
Por otro lado, la recuperación infantil es más rápida y completa que la adulta, a excepción de algunos trastornos como el agramatismo (ausencia o uso inadecuado de palabras cerradas como artículos, preposiciones, conjunciones y pronombres), la anomia (dificultad para encontrar palabras de clase abierta como nombres, verbos, adverbios o adjetivos) o las dificultades en la comprensión sintáctica (por ejemplo, no entender una estructura en voz pasiva), que pueden durar muchos años.
En este último interés de la psicolingüística, el de los trastornos del lenguaje, encuentra su rama más cercana a la medicina, de la mano de la logopedia y de la lingüística clínica, puesto que la esencia de la subdisciplina lingüística toma su razón de ser en la rehabilitación del trastorno, para conseguir, en última instancia, la reincorporación del hablante a la sociedad en tanto ser comunicativo.
Dicho en otras palabras, la psicolingüística es tremendamente útil para la enseñanza de lenguas por su interés en la producción y la comprensión del lenguaje. Resulta especialmente evocadora en su minucioso análisis de la adquisición del lenguaje infantil o en el estudio del origen y la evolución del lenguaje en el homo sapiens (u otros homos). Pero, sobre todo, tiene una incalculable proyección profesional, junto con ciertas ramas de la medicina, en la ayuda constante a aquellos individuos que han perdido su capacidad para comunicarse. Que han perdido el lenguaje. Porque, como bien sabemos, este es la clave de la esencia del ser humano: sin él no podemos comunicarnos y, por tanto, estamos abocados a la más triste de las soledades.
Portada: Mente | Cibele Nogueira

Para saber más…
  • Anula Rebollo, A. (2002): El abecé de la psicolingüística, Madrid: Arco/Libros.
  • Garayzábal Heinze, E. y Codesido García, A. I. (2015): Fundamentos de psicolingüística, Madrid: Síntesis.
  • González Lázaro, P. y González Ortuño, B. (2012): Afasia. De la teoría a la práctica, México: Panamericana.
  • Obler, L. K. y Gjerlow, K. (2001): El lenguaje y el cerebro, Madrid: Cambridge University Press.
¿TE HA SERVIDO ESTE ARTÍCULO? ASÍ PUEDES CITARLO:
«¿Qué es la psicolingüística?». Publicado el 18 de julio de 2016 en Mito | Revista Cultural, nº.35 – URL: http://revistamito.com/que-es-la-psicolinguistica/

DEFINICIÓN DE SINTAXIS

DEFINICIÓN DESINTAXIS

La palabra sintaxis proviene del término en latín syntaxis, que a su vez deriva de un vocablo griego que se traduce al español como “coordinar”. Se trata de la rama de la gramática que ofrece pautas creadas para saber cómo unir y relacionar palabras a fin de elaborar oraciones y expresar conceptos de modo coherente. En la informática, la sintaxis se entiende como el grupo de normas que marcan las secuencias correctas de los elementos propios de un lenguaje de programación.
Diccionario
Como una subdisciplina enmarcada en el campo de la lingüística, la sintaxis hace foco en el estudio de los preceptos que rigen la combinación de constituyentes y el surgimiento de unidades superiores a éstos, como sucede con los sintagmas y las oraciones.
En concreto los especialistas en esta materia establecen de forma clara que la principal función que tiene la sintaxis es la de estudiar dicha combinación de las palabras así como la posición en la que estas se ubican dentro de una oración determinada. Es decir, ella nos informa del orden concreto que deben tener aquellas en una frase para que esté correctamente realizada.
Así, por ejemplo, una de las reglas más importantes que establece esta disciplina lingüística que nos ocupa dentro del castellano es que cualquier preposición debe ir siempre delante de un complemento, independientemente del tipo que sea.
En cuanto a lo que respecta a la combinación de palabras una de las reglas de oro que en esta materia establece dicha sintaxis en el castellano es que estas deben coincidir tanto en género como en número. Eso supone que tengamos que decir, por ejemplo, los perros o las gatas y no los perros o la gatas.
Una regla aquella que también se extrapola a lo que son las formas verbales. En concreto, y como estas no tienen género, aquellas deben coincidir en número. Un claro ejemplo de ello es la siguiente frase: “Los pequeños salieron del colegio”. En este caso se ve como el sujeto y el citado verbo coinciden en el número. Lo que sería incorrecto es escribir “Los niños salió del colegio”.
Según el filólogo y lingüista de origen norteamericano Leonard Bloomfield(18871949), la sintaxis se caracteriza por estudiar formas libres conformadas por completo por formas libres. Esta noción se describe como estructuralista.
Los modos más pequeños en los que una estructura más amplia se puede analizar son sus constituyentes sintácticos, un vocablo o una secuencia de términos que funciona en conjunto como una unidad integrada a la estructura jerárquica de la oración.
El paradigma actual de la ciencia refiere a la gramática generativa, la cual pone el énfasis en el abordaje de la sintaxis como constituyente primitivo y fundamental de la lengua natural.
Por otra parte, cabe destacar que el análisis sintáctico de una estructura supone la identificación del verbo conjugado dentro de la oración, para distinguir entre el sintagma sujeto y el sintagma predicado. Para esto, una vez que se reconoce al verbo, se pregunta quién realiza esa acción. La respuesta constituye el sujeto, mientras que el resto es el predicado.
A lo largo de la historia han existido muchos lingüistas importantes que han dejado su honda impronta en el ámbito de la sintaxis. Este sería el caso, por ejemplo, del inglés Michael Alexander Halliday que realizó diversos trabajos sobre aquella y su función comunicativa.

¿Qué es el signo lingüístico?

  1. ¿Qué es el signo lingüístico?

Se llama signo lingüístico a la unidad mínima de la comunicación verbal, parte de un sistema social y psíquico de comunicación entre los seres humanos, que conocemos como lenguaje. Este mecanismo actúa sustituyendo a las cosas de la realidad por signos que las representan, y en el caso del lenguaje verbal, por signos que podemos recibir a través de los sentidos y luego decodificar e interpretar para recuperar un mensaje original.
Todo signo es una representación convencional de la realidad, que se enmarca en un sistema convencional, social, de sustituciones: en el caso del lenguaje verbal, se trata de la palabra por la cosa, o mejor dicho: un sonido específico por la impresión que deja la cosa referida en la mente.
Por otro lado, el signo lingüístico aparece como parte de una cadena hablada, en la que un signo sucede a otro, empleando silencios para separar los conjuntos ordenados de signos que componen, por ejemplo, una palabra. Por eso las lenguas poseen una lógica, una secuencia, una manera de organizar la información que denominamos sintaxis.
El signo lingüístico fue el tema de estudio de Ferdinand de Saussure y Charles Sanders Peirce en el siglo XIX, cuyos estudios sentaron las bases para la posterior lingüística moderna. La obra Curso de lingüística general de Saussure es una referencia obligatoria en la materia.
Ver también: Léxico.
  1. Elementos del signo lingüístico

Signos lingüísticos
El significado es la imagen mental transmitida por el lenguaje.
Los elementos del signo lingüístico, tal y como lo definió Saussure, son dos:
  • Significante. Es la parte material del signo, aquella que aporta la forma y que es reconocible mediante los sentidos. En el caso del lenguaje hablado, se trata de la imagen mental (la imagen acústica) de los sonidos articulados y transmitidos por el aire que se necesitan para comunicar el signo.
  • Significado. Es la parte inmaterial, mental, social y abstracta del signo lingüístico, que forma parte de lo contemplado comunitariamente en la lengua (y que son patrimonio de todos), pero también de las capacidades expresivas del individuo (su léxico individual). El significado vendría a ser la imagen psíquica o el contenido que se transmite mediante el lenguaje.
Tanto el significante como el significado son facetas recíprocas del signo, es decir, que se necesitan la una a la otra como las dos caras de una hoja de papel. Por ello no es posible separarlos, ni manejar uno solo. A este tipo de relación se le conoce como dicotomía.
Pierce, por su lado, le atribuía al signo lingüístico tres caras, como un triángulo:
  • Representamen. Se llama así a lo que se encuentra en lugar del objeto real, es decir, eso que se halla representando a la cosa: una palabra, un dibujo, son formas de representamen.
  • Interpretante. Todo signo requiere de alguien que lo lea o lo escuche y capte los sentidos en el signo, que necesariamente se dirige a alguien. Esto es el interpretante: la visión mental que del representamen se hacen los individuos que se comunican.
  • Objeto. Es la realidad concreta que se desea representar, es decir, eso en cuyo lugar se halla el signo lingüístico.
  1. Características del signo lingüístico

Según los estudios de Saussure, el signo lingüístico posee características determinadas:
  • Arbitrariedad. La relación que hay entre significado y significante es, por lo general, de tipo arbitrario, es decir, convencional, artificial. No hay una relación de semejanza entre los sonidos que componen una palabra determinada (digamos: cielo) y el significado concreto que buscan transmitir (la idea del cielo). Es por esto que los idiomas deben aprenderse.
  • Linealidad. Como se dijo antes, los significantes del lenguaje verbal forman parte de una cadena de signos cuyo orden importa para que se puedan entender de manera correcta. Eso se entiende como un carácter lineal: los sonidos que componen una palabra aparecen en línea, o sea, uno delante de otro, no todos a la vez, ni de manera desordenada: cielo no es equivalente a ociel.
  • Mutabildad e inmutabildad. Esto significa que el signo lingüístico puede mutar: cambiar, adquirir nuevos sentidos, desplazar el nexo específico entre significado y significante, pero siempre que lo haga a lo largo del tiempo. Un ejemplo de ello es la etimología: el origen de las palabras modernas a partir de las antiguas, que van lentamente cambiando. Pero al mismo tiempo tiende a permanecer incambiante: dentro de una comunidad determinada y en un momento de la historia específico, la relación entre significado y significante tiende a ser estática. Un ejemplo de ello es que no podemos alterar las palabras de nuestro idioma e imponer ese uso al resto de los hablantes del mismo.
  1. Tipos de signos lingüísticos

Simbolos
Los emblemas religiosos son considerados símbolos.
Según Peirce, existen tres tipos distintos de signos, de acuerdo a la relación entre el objeto y su interpretante:
  • Índices. El signo tiene una relación lógica, causal, de proximidad de algún tipo con su referente real. Por ejemplo: las huellas de un perro en el suelo, remiten a la presencia del animal.
  • Íconos. En este caso, el signo se asemeja a lo que representa, es decir, tiene una relación mimética o de parecido. Por ejemplo: una onomatopeya del sonido de un animal.
  • Símbolos. Son los que presentan la relación más compleja entre el objeto y el referente, ya que es totalmente cultural, arbitraria. Por ejemplo: los emblemas religiosos, las banderas, los escudos de armas.

Referencias:

  • “Signo lingüístico” en Wikipedia, La Enciclopedia Libre.
  • “Resumen: Saussure” en el material del CBC de la UBA.
  • “El signo según Peirce” en Taller de comunicación.
Última edición: 22 de noviembre de 2018. Cómo citar: "Signo Lingüístico". Autor: María Estela Raffino. Para: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/signo-linguistico/. Consultado: 11 de agosto de 2019.


Fuente: https://concepto.de/signo-linguistico/#ixzz5wKCyQmux

Concepto de semántica


Concepto de semántica


La palabra semántica, proviene del vocablo griego “semantikos” de donde “sema” puede traducirse como señal, o signo con significación. Aplicado a los signos lingüísticos, estudia el origen y la significación de las palabras u otros símbolos (significante) en relación a los objetos que representan (significado) en una imagen creada por la mente, pudiendo o no, los significados, corresponder a un objeto real, como por ejemplo cuando hablamos de un duende. Este objeto que existe en la realidad o en la ficción, se llama referente. Para que el referente permita que todos entiendan que se están refiriendo a él y formarse a su respecto un significado, se debe haber construido un significante en común. Por ejemplo cuando decimos perro (significante) en relación al animal cuadrúpedo doméstico que ladra y que vemos a diario (referente) todos nos lo podemos imaginar (darle un significado a esa palabra perro) pues estuvimos de acuerdo en nombrarlo con ese conjunto de letras y no con otras.